El sector alimentario aborda desde todos sus frentes y agentes implicados la gran demanda del consumidor: información fiable y sencilla sobre los alimentos.
Uno de los acontecimientos más llamativos en la industria alimentaria de los últimos años es la creciente preocupación del consumidor por el valor nutricional, la composición y en general la idoneidad de los alimentos que consume. A esta demanda se han sumado nuevas inquietudes relacionadas con el origen de los ingredientes, la sostenibilidad, la presencia de alérgenos y el grado de procesamiento de los productos.
En 2018, el Ministerio de Sanidad anunció la aplicación en España del sistema Nutri-Score. Sin embargo, actualmente, en el 2026 continúa siendo un sistema de etiquetado frontal voluntario, utilizado por distintos fabricantes y distribuidores. Además, todavía no existe un modelo de etiquetado nutricional frontal obligatorio y armonizado para toda la Unión Europea.
Este semáforo nutricional, basado en una escala de cinco letras y colores, desde la A en verde oscuro hasta la E en naranja oscuro, se plantea como una herramienta sencilla para comparar la calidad nutricional de alimentos pertenecientes a una misma categoría. No obstante, debe interpretarse como una información complementaria y no como una valoración aislada de si un producto es saludable o no.
La búsqueda de información útil, sencilla y fiable es la principal explicación a un fenómeno cada vez más extendido: el uso de aplicaciones móviles que escanean el código de barras y ofrecen al consumidor, ávido de conocimiento, cierta información útil y práctica que le ayuda en sus decisiones de compra en el supermercado. Sobre todo al público joven, que es el usuario mayoritario de este tipo de aplicaciones.
Actualmente, esta información alimentaria también se ha extendido a códigos QR, plataformas digitales, tiendas online y herramientas que permiten consultar ingredientes, alérgenos, procedencia o características nutricionales antes de efectuar la compra. Esta evolución aumenta las posibilidades de información, pero también obliga a comprobar la fiabilidad, actualización y base científica de los datos proporcionados.
Los grandes operadores del sector han desarrollado durante los últimos años diferentes iniciativas de etiquetado frontal e información nutricional. Al mismo tiempo, la coexistencia de distintos sistemas ha reforzado el debate sobre la conveniencia de establecer unos criterios comunes en la Unión Europea.
Por su parte, el supermercado Eroski usa su propio etiquetado frontal desde hace años. Las aplicaciones como Yuka, MyRealFood o El CoCo también han contribuido a popularizar la consulta inmediata de la composición y las características de los alimentos mediante el teléfono móvil.
El problema de este tipo de herramientas es que la información debería tener siempre una base científica; y precisamente porque no siempre es así, han sido recientemente motivo de estudio por diferentes organizaciones de consumidores. Las puntuaciones y clasificaciones de estas aplicaciones no deberían sustituir la lectura del etiquetado obligatorio ni las recomendaciones de profesionales sanitarios.
La información nutricional frontal puede ayudar a los consumidores a realizar comparaciones más rápidas. La Comisión Europea reconoce que estos sistemas pretenden facilitar las decisiones de compra, aunque, bajo la normativa europea vigente, su inclusión en la parte frontal de los envases sigue siendo voluntaria. La Comisión ha estudiado la posible revisión de la normativa para avanzar hacia un sistema armonizado, pero todavía conviven diferentes modelos en los Estados miembros.
Además, la alimentación inadecuada y el exceso de peso infantil siguen siendo retos relevantes de salud pública. Según la OMS, uno de cada cuatro niños europeos de entre 7 y 9 años presenta sobrepeso u obesidad, mientras que la digitalización ha aumentado el interés por conocer la composición, el origen y el impacto de los alimentos.
Ante este escenario, la industria debe ofrecer información clara, fiable y accesible, y necesita profesionales especializados en seguridad alimentaria, regulación, trazabilidad, sostenibilidad y comunicación al consumidor. Cesif contribuye a esta preparación mediante programas centrados en seguridad alimentaria, gestión de la calidad y tecnología industrial.





